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Muchachos: déjense de joder. Una rateada es una rateada. Yo me rateé alguna vez, y sé lo que es. El que quiera transformar una rateada en un “hecho solidario” es un chanta. Si me dijeras que se van a ratear para ir a laburar a la villa 31 haciendo la limpieza de las zanjas; si me dijeran que se ratean para ir a visitar enfermos, o viejitos que están solos, podríamos hablar. Aunque también se puede hacer todo eso a contraturno, o un sábado, o domingo. Pero que digan que es unja “rateada solidaria” porque llevan un alimento no perecedero no sé a dónde, no es serio. Máxime cuando ese alimento no perecedero casi seguro que muchos, la mayoría, se lo van a afanar de la despensa de casa. ¿Me equivoco?

Por eso cuando algunos padres dicen que “admiran” a sus hijos porque tienen un gran corazón al hacer una “rateada solidaria”, me pregunto si entendieron bien.

Insisto: no soy de los que se escandalizan. No puedo escandalizarme. Aparte, ustedes saben que conozco bien el mundo adolescente.

Pero hoy les recomiendo dos cosas.

La primera: no se rateen. ¿Por qué? Porque hoy la cosa es distinta.

Somos nosotros, los grandes, los que nos rateamos de nuestras obligaciones: muchos no pagamos los impuestos que tenemos que pagar; no frenamos en los semáforos en rojo; no cumplimos las leyes y los reglamentos; no vamos a trabajar diciendo que estamos enfermos; no cumplimos lo que se espera de nosotros en nuestro trabajo; no nos conmovemos frente a las injusticias; no damos una mano al excluido, al pobre, al oprimido; no pedimos el perdón que tenemos que pedir; no agradecemos lo que tenemos que agradecer; no cuidamos a nuestros viejos; no mostramos los límites a nuestros hijos; no respetamos a los vecinos; no cedemos el asiento a los viejitos; en fin: nos hacemos la rata en infinidad de cosas.

No está bueno que nos imites. Porque como te decía en otra nota, si ustedes, los jóvenes, los que son la esperanza de un cambio, nos imitan en nuestras rateadas, ¿qué queda para el mañana?

La segunda cosa que propongo es esta. Yo te diría que hagas distinto. Que nos demuestres que está bueno cumplir la palabra empeñada, que es piola cumplir las obligaciones que uno tiene, que el estudio (por más que las materias sean aburridas) siempre hace crecer el bocho.

¿Entendés? Te propongo que seas diferente. Que no te prendas en un boludeo generalizado. Sé libre. Y ser libre es hacer lo que uno quiere, no lo que los demás quieren que vos hagas. Aunque sean otros adolescentes.

Qué se yo: es un consejo. Tomalo como quieras. Pero es un consejo sincero.

Afectuosamente,

 

Raúl Llusá