INICIO

Montañismo

Rutas Argentinas

ARCHIVO DE FOTOS

Filosofía Teología general Teología Palotina

Ir al índice de artículos disponibles

Los 33 de la mina de Copiapó

 

Esperé que bajara un poco la polvareda, pero tenía ganas de tener una palabra respecto de esto. Palabra que admito puede estar equivocada, o ser incompleta. Pero es mi forma de ver y la expongo. Nadie se enoje.

Se han dicho muchas cosas respecto del rescate de los 33:

Que si aparecieron vivos en el refugio, no había más remedio que sacarlos, costase lo que costase. Puede ser.

Que esto le sirve a Piñeira. Puede ser.

Que ha habido mucho aprovechamiento de la cosa. Que se montó un reality show, y todo estaba pensado para emocionar. Es verdad.

Escuché: “fue por conveniencia”, “no podían hacer otra cosa”, “fue por esto”, “fue por lo otro”.

Yo no tengo la certeza de las motivaciones que motorizaron el rescate, porque las conciencias de las personas son territorio sagrado en el que creo que nadie puede  meterse para ver las intenciones.

Pero todas estas cosas, y otras, no nos pueden llevar a minimizar que hubo un esfuerzo enorme para salvar a 33 personas. Que se articuló un enorme operativo de ingeniería para salvar la vida de 33 personas. Personas humildes. Insignificantes para el sistema. Como yo. O como quizá vos que leés esto.

Entonces, ha habido algo que no es frecuente: la vida humana fue puesta en su lugar. En el lugar que debe tener.

No me interesan las motivaciones. No soy quien para juzgar el fuero interno. Yo juzgo lo que veo.  Y lo que veo es que los sacaron. A todo coste.

El hombre, y la vida, ocuparon su verdadero lugar, en un mundo donde la vida no vale nada, donde está amenazada desde muchos costados, en donde se niega el derecho a nacer al conceder el derecho a abortar; en donde los tobas, los wichis, los pobres en general, no cuentan; en donde millones se mueren de hambre frente a la indiferencia de la sociedad opulenta.

Pero la vida humana, toda vida humana, constituye un valor supremo. Le pese a quien le pese.

Hemos visto durante el rescate la expresión de alegría extrema de padres, hijos, mujeres y hermanos de los mineros. ¿No vale esa alegría los millones que se gastaron? ¿No justifica, el salvar una vida, la inversión de tiempo, esfuerzo, pensamiento y dinero? Por lo general esas cosas (tiempo, esfuerzo, pensamiento y dinero), se ponen al servicio de la muerte. Ejemplos sobran.

Por eso estoy convencido de que aquí hubo humanismo, y del verdadero. Me enorgullece como ser humano todo lo que se hizo para rescatar a los 33.  Más allá, insisto, del show montado. Perdonemos el show (si es que somos quienes para perdonar algo) por la alegría de cada minero, de cada familiar, e incluso de cada uno de los que hicieron posible el rescate.

Fue un accidente que termina bien. Ojalá no vuelva a suceder. Ojalá que todo el mundo haga lo que tiene que hacer en cualquier actividad, para que no haya accidentes de ninguna naturaleza. Pero por desgracia, los seguirá habiendo.

Y es de esperar que cuando ello suceda, la respuesta sea la que se dio en este episodio: agotar todos los recursos para encontrarlos, y luego hacer todo lo necesario para traerlos de vuelta.

Porque la vida humana, insisto, es un valor supremo. Toda vida humana. En cualquier momento de su desarrollo.

La madre roca dejó hacer, para que estos hombres volvieran a ver al padre cielo.

Dios sea loado.

 

Raúl Llusá