Inicio

Opinión

Teología General

Rutas Argentinas

Filosofía

Teología palotina

"La cumbre está embellecida por el esfuerzo de llegar hasta ella"

Lanín
Relatos
Aconcagua
 
Parque Nahuel Huapi
 
Altimetría del Parque Nahuel Huapi
 
Artículos recomendados
 
 
Otros artículos
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Esta página está diseñada para Internet Explorer, y no se verá bien en Google Chrome.
Revista Al Borde 161 - Julio 2011
____________________________
______________________________________________
Boletín Nº 36 del Centro Cultural Argentino de Montaña
____________________________

Atención: riesgo alto en otoño:

Informe sobre Hantavirus en Bariloche

______________________________________________
 
NUEVO: Desde Jakob a Pampa Linda por CAB-Crettón-Ilón
__________________________
Matanza absurda de delfines como "ceremonia de iniciación": repugnante.
Montañismo y Exploración Septiembre
Montañismo y Exploración Nº 259:
Montañismo y Exploración Nº 258:

Boletín Nº 16 del Centro Cultural Argentino de Montaña. Ver.

La zona del Punta Negra, en el Parque Nahuel Huapi
   
Juani Tomaselli en el Plata y el Rincón
   
Seba Machicote relata su ascenso al Aconcagua
 
Datos para subir al Domuyo (en construcción)
 
Fede Pérez cuenta su experiencia en el Lanín
Pablo Otegui y Sebastián Roncal en Vallecitos

Felicitaciones a nuestros amigos Pablo y Ronqui. Los estimulamos a que nos manden pronto un relato pormenorizado con todas las recomendaciones del caso. (Y lo mismo a Pali, Seba y Emi sobre las recomendaciones para Tupungato). Gracias a todos.

 
Por qué Cerros del Sur
 

"Debemos ascender hacia las cumbres. Siempre. «Con el alma en mangas de camisa». Y con nuestro cuerpo, con nuestro pesado cuerpo, que debe subir también"

 

Hacia las cumbres es una página de varios intereses. Pero no en último lugar está el montañismo, que ha ocupado mis años y mis sueños durante mucho tiempo, y cuento con que seguirá haciéndolo muchos años más.

La montaña representa para mí un entorno en el que puedo tomar absoluta conciencia de mi creaturidad. Percibo, con mis cinco sentidos, la hermandad real de todo mi ser con el entorno.

Y se establece entonces una relación celebrante entre ese entorno y mi espíritu. No voy a la montaña para hacer deporte. De hecho, quienes me conocen saben que de ninguna manera soy ni me considero un deportista. Tampoco voy atraído por lo desusado, lo original o lo distinto. 

Máxime cuando en los últimos años los deportes de montaña se han extendido masivamente, y hoy son cada vez más los que se acercan a los cerros para vivir esta experiencia inefable.

No voy para ser diferente. No me quiero diferenciar del resto por haber aprendido a disfrutar y conocer la montaña. Ni soy más, ni mejor, porque busque las cumbres, los neveros o los filos azotados por los cuarenta bramadores. No desarrollo esta actividad para decir "Yo llegué, otros no pueden". Además, yo mismo estoy impedido de llegar a muchos sitios a donde otros han llegado y llegan.

No voy para competir. La competencia constante, la continua autocomparación, tiene que ver más con una necesidad de afirmación adolescente que con la serena alegría de ser quien se es. Ni más, ni menos. No. No voy a la montaña por nada de eso.

Voy a la montaña porque la amo, porque en ella me siento viviendo en plenitud, con la sangre fluyendo violentamente en mis venas. En la montaña soy feliz, en la montaña -lo repito- me siento hermanado con el resto de las criaturas.

Si consigo alguna diferenciación, no es, ciertamente, por la performance deportiva. En todo caso lo que me diferencia es esta forma de percibir lo natural. Lo cual no me hace ni mejor ni mas sabio. Simplemente me permite disfrutar de manera intensa algunas sensaciones que otros no han descubierto, o que habiéndolas descubierto, no las han elegido para buscarlas y amarlas.

No creo que este deporte consista, por todo lo dicho, en aproximarnos a la montaña "utilizándola", convirtiéndola en un "medio útil" para conseguir un fin. Como el ya mocionado de sentirnos mejores que los demás, sea porque llegamos hasta lugares inaccesibles; porque soportamos dificultades especiales, o porque conocemos la manera de movernos en ambientes inhóspitos para el común de la gente.

Cualquiera que se sienta mejor, o más que otros, por esta circunstancia, debería recordar que todos somos "buenos" en algo. Y que cada quién tiene -y está llamado a ocupar- su lugar en el mundo. Y que si nosotros tenemos el mérito de haber descubierto las bondades de esta actividad, y somos razonablemente idóneos en ella, millones de otras personas se destacan en numerosas otras cosas, y aún más: seguramente habrá algunos miles de personas que sean mejores que nosotros incluso en el montañismo.

Por ello, intento siempre no instrumentalizar a la montaña mas de lo estrictamente necesario. En todo caso, es un instrumento para alcanzar en ella, y a través de ella, una profunda felicidad, causada directamente por ella. Soy feliz no por haber llegado hasta aquí, a donde pocos llegan, sino por haber llegado hasta aquí, hasta este lugar tan bello y particular. Las dificultades superadas me agregan alegría, por supuesto. Pero no está en ellas la fuente de la felicidad, sino en el hecho de poder disfrutar, en el mismo sitio, tantas maravillas.

Hay muchos que no entienden por qué amamos tanto el placer de estar en la montaña, tan emparentado con el sufrimiento físico de las trepadas, del clima, de las privaciones. Es, realmente, paradojal, ya que las mismas dificultades contribuyen en parte a nuestra alegría. Repito: no por mero espíritu de competencia, sino, en todo caso, por el vencimiento de nuestras propias debilidades, nuestros propios miedos, nuestras propias limitaciones. Trepando, crecemos. Ascendemos a nuestra plenitud.

Creo que esta actividad es profundamente formativa. Es por ello que en mi vida he llevado cientos de jóvenes al Parque Nacional Nahuel Huapi, en los Campamentos del Instituto Vicente Pallotti de Turdera, primero, y en el Campamento Andino Saihueque después. Y confieso que ha sido para mí motivo de profunda satisfacción ver que muchísimos de estos jóvenes se dejaron cautivar por la magia de los cerros y los bosques andinos, a punto tal de ponerlos, también, en un lugar privilegiado de sus afectos, de sus intereses y de sus opciones.

Esta ha sido, indudablemente, mi cumbre más alta. Mi logro montañístico por el cual estoy más orgulloso.

 

Raúl Llusá

 

 

 

Links
 
Al Borde 160
Al Borde 159
Al Borde 158